20110607

Mis memorias tristes.

Se han manchado de tinta mis pensamientos.
He roto un vaso vacío de mentiras.
Han llamado a la puerta y no era nadie.
He gritado un nombre y se lo ha llevado el viento.
He gritado tu nombre y me lo ha devuelto el eco.
Se han perdido tus vocales en el mar.
Se han perdido las sílabas entre las gotas de lluvia.
Ha caído el viento sobre mi tristeza.
Ha parado el tiempo pero aún llueve sobre mi cabeza.
Han aparecido piratas en el borde de mis pestañas.
Se han hundido barcos en el fondo de mi corazón.
Se han caído las hojas de otoño y estamos en primavera.
Han aparecido nubes entre tú y yo, ellas la frontera.
Los sueños en han convertido en sueños.
Las pesadillas en realidad.
La penumbra ha tomado la alegría.
La alegría ha vendido su deidad.
El Sol no ha salido por el este.
La Luna no se deja vislumbrar.
Han enmudecido las palabras tristes.
Las palabras bonitas ya no quieren sonar.
Ya no haré recuento de mis memorias.
Hablemos de amor, hablemos de soledad.

20110605

Aquella noche

Todo ocurrió durante el cambio de estación. Rápido, sencillo, breve e intenso.Como solía ocurrir año tras año. El sol cabalgaría horizonte abajo, poblando de colores todo el mar a su paso. La luna, muy enamoradiza ella, asomaría su rollizo rostro envuelto en pálidos colores. Las estrellas -los deseos de cuando somos niños y aparecen al morir- chapotearían en el oleaje, en la calma del mar, e inundarían el aire con su sabor de esperanza.
Sobre las velas ondearían diversas texturas. Sobre las velas ondearía la musicalidad del mar. Sobre las velas ondearía tu cuerpo desnudo aquella noche, ¿lo recuerdas?, cuando la magia nos vino a visitar. Tú estabas sobre mi pecho, cálida e inerte, quieta, como si yacieses sobre el lugar en el que pasar la eternidad. Cada bocanada de aire me sonsacaba una sonrisa de alivio. -Sigue viva.- decía entra breves risotadas para no despertarte.
<< -Cuando duermes no haces ruido, pareces muerta.
-Entonces algún día seré un hermoso cadáver.
-Sólo si la muerte no cae prendada a tus pies.


Ella mira por la ventana de la habitación. Cuando mira al mar se le iluminan los ojos. Se enciende una hoguera en su corazón y alumbra las pesadumbres, dejando a un lado cualquier mancha escamoteada en su espíritu.
-En qué piensas cuando miras el infinito.
-No pienso en nada, por eso me gusta mirarlo. Me gustaría conocerlo, navegar y vivir aventuras. Incluso podríamos ser piratas.-Una sonrisa afloró en su rostro.
-Si es lo que quieres, compraré un barco y te llevaré más allá del horizonte. 
-¿Lo prometes?
-Lo prometo.>>
Cayó la magia del cielo, y la luna nos arropó con su manto. Yo la abracé con fuerza. Delicadamente dibujé su contorno con mis manos: línea por línea, curva por curva. Clavó sus ojos sobre los míos, desnudando mis pensamientos. Me arrancó un pasional beso que escarmentó con una cara de placer y sorpresa cuando acaricié su sexo, cálido y húmedo, esculpido por los dioses. 
Jugueteaba con mis dedos entre mordiscos y arañazos, entre suaves gemidos, besos y abrazos.
Entonces ella quiso más, guiando mi pene hacia su interior. 
Aquella noche de gritos, en que nos visitaron las estrellas. Aquella noche de cuerpos sudados, en la que nos convertimos en el cuadro que pintó la luna. Aquella noche en la que el sol nos encontró de madrugada. Fue aquella la noche en que nos hicimos uno.

Vacío

Vacío.
Todo amaina en mi cabeza,
todo huye de mi mente,
todo se vuelve nada...
Vacío.
Ya no hay pensamientos,
ya no hay dudas,
ya no hay dolor...
Vacío.
Se antojan sombras,
se antojan mentiras en la nada.
Pero son sólo eso:
vacío.

¿Quizás en mi corazón algún retazo?
No,
sólo vacío.
¿Y los sentimientos?
Se los llevó el diablo,
junto con mi voz,
junto con mis pensamientos,
junto con tu recuerdo.

¿No queda nada, sólo vacío?
Sólo vacío,
sólo un amargo sabor a ceniza en mis labios,
sólo el sentir de unas manos frías y muertas,
sólo el vacío de unos ojos hinchados.
Vacío.

Se extiende por mi piel.
Envuelve mi vida,
envuelve mi tiempo,
envuelve mi nada...
Vacío.

Se filtra por mis poros.
Se esconde en las sombras,
anega mi odio y mi pasión.
Vacío.

Envenena mi sangre,
envenena el aire que respiro,
envenena mi ser.
Vacío.

Se hace eterno en mi mirada,
se desvanece en un segundo.
Se adhiere a mis sueños,
destruye mis esperanzas.
Pero no es nada,
no ocurre nada salvo eso:
nada.
Sólo vacío...

20110603

Azul añil.

Y empiezas así con tu sonrisa,
Arrastrándome a la más honda locura.
Sordos dejas mis sentidos ,
Enmudeciendo mis pensamientos.
Silbando con tus gemidos al dulce silencio:
Arañando las vestiduras del negro cielo.
Marcando el compás con tus caderas.
Oteando el placer y su hermosura.
Rozando con tus labios, la más dulce amargura.

20110526

Se fundió en negro

Por un momento, mi anegado corazón se dejó ver marchito ante la luz eterna. Como siempre gloriosa, como siempre...
Nunca llegó a haber un verdadero final del que sentirse orgulloso. Nunca hubo una razón por la que luchar, tan sólo una razón por la que no morir. Una razón estúpida. De tiempo un mísero gasto...
Lluvia decía. Tranquiliza el alma decía.
Recuerdos.
Dolor.
Recuerdos... relampaguean frente mí ventana, frente mis ojos, frente mi corazón.
¿Ha sido todo un sueño? 
¿Es esto real? 
Quién soy yo para juzgarlo.
Preguntas.
Recuerdos que siguen aún vacíos, a la espera de su amor.
Está oscuro, no veo nada.
Preguntas.
¿Soy alguien?
Sus labios me besan.
Mi corazón se acelera lentamente al compás de su canción.
Y nuestros latidos se sincronizan en un baile.
 Nos queremos...
 Nos amamos...
Corazón marchito pintaste la luz esta noche....
Preguntas.
Dolor.
Miedo.
¿Miedo?
La quería....
¿La quería?
Yo la maté.....
¿Yo la maté?
La amaba.....
¿Por qué lo hice?
Yo la maté.......
Recuerdos.
Nunca hubo un final del que sentirse orgulloso.
¿Siempre gloriosa?
Siempre......
Dolor que no cesa.
Dolor que corrompe.
Dolor que posee.
Dolor que duele.
Y se fundió en negro.


Nunca hubo una razón....


D E S P E R T A R


Por un momento, mi anegado corazón se dejó ver marchito ante la luz eterna. Como siempre gloriosa, como siempre, un nuevo día, un nuevo amanecer, una nueva prueba, un nuevo dolor, nuevas preguntas, nuevas respuestas.
Nunca hubo una razón por la que luchar, tan sólo una razón por la que no morir. Una razón estúpida. De tiempo un mísero gasto, pero de valor, divino tesoro. Una razón por la que no morir...tan sólo un recuerdo, tan sólo tu recuerdo, tan sólo, tu sonrisa.

20110524

Me encantas.

-Me encantas -le comenté al tiempo que sonreía con la naturalidad con la que caen las hojas en otoño, o salen las flores en primavera.
-No seas idiota.
-No lo soy.
-Lo eres, has dicho que te encanto -exhalo un breve suspiro, propio de la desesperación que se siente cuando uno intenta explicar a un niño pequeño qué es el amor.
-Me encantas -repliqué nuevamente.- Me encantas y me encantas, ¿qué hay de malo en eso?
-Que soy yo.
-Es por ello por lo que me encantas.
-Eres un idiota -dijo al tiempo que ocultaba aquella sonrisa.


Mantuvimos nuestras cabezas alejadas de la realidad por un instante. Ella miraba al infinito, buscaba algo que no podía ofrecerle. Yo la miraba a ella, haciendo lo imposible por no sonreír como un estúpido.
El cielo vestía un turquesa terciopelo, daban ganas de saltar y abrazarlo. Serían cerca de las siete y media, quizás más tarde, no estoy seguro. Pero hacía calor, mucho calor, en fechas en las que no tocaba. Ese año se había adelantado, nos había cogido por sorpresa.


-Me encantas. Podría repetírtelo toda la vida: cada año, cada mes, cada semana, cada día, cada hora, cada segundo. A cada paso o suspiro que dieses. Sólo si tú quisieras claro
-Eres un auténtico idiota. Sólo un idiota como tú podría hacer eso.- Declaró ella sin poder ocultar la hermosa sonrisa que se dibujaba en su cara.
-Nunca he sido una persona especialmente lista.-Dije guiñándole un ojo.
-No hace falta que me lo jures.-Soltó entre carcajadas.


El resto del día transcurrió como si tal cosa. No ocurrió nada digno de recordar, ni el cobrizo atardecer que nos arropó durante el camino de vuelta hasta nuestra despedida; ni el beso que me robó cuando menos me lo esperaba.
Aquella noche no podía dormir, puede que fuese cosa del calor, o que aquello no fuese más que una burda excusa para no admitir que estaba enamorado. Miraba fijamente al techo y daba vueltas en la cama. Mentalmente intenté componer un poema que expresase fielmente mis sentimientos. Nunca fui bueno escribiendo nada. Finalmente me dormí. A la mañana siguiente, noté un sabor salado en la boca. Tenía la cara húmeda y los ojos hinchados. No entendía muy bien que había pasado. Las cosas dejaron de tener sentido cuando encontré un papel emborronado de tinta sobre mi mesa. Observé con cuidado los dos versos que aparentemente había escritos en mitad de la mancha:
<< Te arrancaré los labios de un mordisco
      para robar todos los besos que me debes...>>


Me miré el canto de la mano. Estaba manchado de tinta.

20110523

Ya no pertenezco a la soledad...

Hoy la soledad 
ha venido a buscarme.
Raudo y veloz
me he refugiado en mis pensamientos,
en mis más profundos recuerdos,
en mis más sentidas emociones.
Ha sido entonces 
cuando me he ahogado en la tristeza.
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